Cuento: Suerte

el

Lorena Dubove ama los botones. Son su obsesión desde chiquita. Hace muchos años yendo al jardín de infantes, Lorena encontró uno muy grande, del tamaño de una moneda de 2 pesos tirado en la calle y su papá le dijo que encontrar un botón es de muy buena suerte. Así que lo guardó en el bolsillo del guardapolvo y pasó todo la mañana apretando el botón a través de la tela. Ese día nadie fue a buscar a Lorena a la salida del jardín. Uno a uno los padres de sus compañeros llegaron y se fueron, hasta que ella quedó sola con su maestra. En un momento que la señorita trataba de ponerse en contacto con alguien de la familia, Lorena se escapó por la puerta de entrada y cruzó hasta el parque deportivo que había al lado del jardín. Encontró un pozo debajo de una estructura de cemento y se metió ahí. Pasó un rato llorando hasta que se quedó dormida y se despertó al escuchar que la llamaban por su nombre.

-¿Dubove?

Lorena se despabila. Se quedó dormida en el cuarto de espera del consultorio. La enfermera la hace pasar a otro cuarto donde hay muchas camillas junto a máquinas de kinesiología. Le pide que se acueste en una junto a la ventana y le conecta dos electrodos en la pierna, por arriba de la fractura, y justo donde se había cortado la otra mañana. Toda la zona está cubierta por un gran moretón violeta rodeado de tonos ocre y amarillo. Lorena tiene muchos golpes, huesos quebrados y heridas viejas por todo el cuerpo. Es muy torpe y siempre se cae o se lastima de alguna manera.

La enfermera tiene un saquito color violeta muy lindo, con unos botones del mismo color pero más oscuros, que brillan como ojos de gato. Le hace algunas preguntas de rutina. No, no está embarazada, ni tiene cáncer, aunque estuvo en tratamiento en su adolescencia por linfoma de Hodgkin. No, tampoco lleva un DIU ni tiene implantes metálicos en el cuerpo. Lorena aprieta fuerte el botón en su bolsillo. Es uno de metal con un grabado muy bonito de una cresta, parecido a una flor de Liz. Se lastimó la pierna cuando se agachó para agarrarlo junto al borde de la calle y perdió el equilibrio. Tiene que acostarse en la camilla mientras le meten la pierna en un magneto. La enfermera sube la intensidad de la electricidad en los electrodos hasta que los músculos de la pierna se empiezan a contraer solos. Duele un poco. Le dicen que se relaje, que en media hora puede pasar al gimnasio a ejercitar la pierna.

-¡Lorena!

¿Es de noche ya? Quiere seguir durmiendo pero su cama es incómoda. Cuando termina de despertarse se da cuenta que no es una cama: Está en el piso. Todo sucio. Afuera siguen gritando su nombre. Lorena sale de su escondite frotándose los ojos. Las luces rojas y azules del patrullero dan vueltas alrededor. En cuanto la ve, su mamá sale corriendo a agarrarla. La abraza y después le pega una cachetada que le deja la mano marcada en el cachete izquierdo.

-¡En qué estabas pensando! – le grita, pero Lorena está muy aturdida y no entiende nada. Su cara arde y se pone a llorar. El dolor parece que no va a terminar nunca, viene el oleadas que corren entre su cara y su pierna.

-¿Dónde está papá?

Pero mamá no responde, solo se pone a llorar y la abraza más fuerte.

-¿Y papá?

Cuando llega a la casa se saca la bota ortopédica y revuelve el bolsillo de su saco. Entra en la habitación y abre su escritorio secreter. Tiene muchos cajones muy chiquitos, donde pueden guardarse toda clase de chucherías, pero están todos llenos de botones. Abre uno a un costado repleto de botones metálicos y deja ahí el de la cresta.

-Bueno, levante la pierna – le dice la enfermera mientras le mide el ángulo de la rodilla con una regla. – Muy bien, ahora intente empujar mi mano con la pierna, hacia arriba.

La enfermera, Bárbara escuchó que la llamaban en la recepción, es una chica muy fuerte. Se la ve feliz y atiende con esmero a sus pacientes. Lorena nota que lleva un anillo de compromiso en su dedo anular y se alegra por ella. Es una chica con suerte.

Cuando terminan le indica ciertos ejercicios que tiene que hacer para recuperar movilidad en la pierna y le instruye como ponerse la almohada térmica en la zona de la herida. Tiene que hacerlo cada quince minutos. Lorena le agradece y la ve irse a atender a otros pacientes. Se pone de nuevo la bota ortopédica y sale del consultorio.

Se queda algunas horas esperando en el café de la esquina hasta que se hace de noche y ve salir a la enfermera. Va a su encuentro.

Lorena abre otro cajón del mueble, uno más grande y lleno de bolsitas. Cada una tiene varios botones iguales. Agarra una bolsa vacía y pone ahí unos botones violeta con brillo como el ojo de un gato que saca de su bolsillo.

Desde muy chiquita Lorena ha tenido muy mala suerte y necesita toda la que pueda juntar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s