Cuento: El último minuto

el

16:17

Veo el reloj nervioso. Ya intenté escribir dos historias durante el día pero no se me ocurre nada. En un par de horas tengo que presentar mi escrito frente a la sociedad y no tengo una palabra para leer. Seguramente Paula va a deslumbrarnos con otra de sus narraciones de fantástica mediocridad. La forma en que convierte a los personajes más patéticos en seres vivos, encarnados. Hace que se me ponga la piel verde como una rana tropical. La admiro tanto como la odio.

16:20

Empecé una tercera historia. ¡Se siente tan acartonada! Quise utilizar mi recurso más exitoso hasta el momento, el de tomar una anécdota del pasado y transfigurarla agregando elementos de fantasía, pero se siente tan forzado. Rebeca ya me advirtió que pongo demasiado de mí en mis personajes y que el recurso se está volviendo gastado. Ella se ha vuelto cada vez más exigente ahora que el grupo se ha reducido tanto. Creo que también está asustada. Hace varios meses que no entra un nuevo miembro y eso está afectando a los que quedamos.

16:24

Si quiero llegar a tiempo a entregar la historia, tengo que terminar de escribirla antes de las cinco de la tarde. Es demasiada presión para mi. No me había dado cuenta que me estaba comiendo las uñas hasta que me arranqué un pedazo y me lastimé la cutícula.  Es un mal hábito nacido de los nervios. Tengo los dedos destrozados. No entiendo como Juana siempre se ve tan calmada en las lecturas, en las últimas sesiones noté que hasta Leandro que siempre fue el más entero, se está empezando a quebrar. Estoy sangrando sobre el teclado, debería ir a buscar alcohol y una venda al botiquín pero no tengo tiempo.

16:30

Empecé una cuarta historia. Esta trata sobre un club de escritura. ¡Que gracia! Se me ocurrió nombrar a todos los involucrados como personajes de películas de Alfred Hitchcock. Todavía no sé hacia dónde va o cómo terminará, pero siento que algo interesante puede gestarse. Para crear a los miembros del club me inspiré en los otros participantes del grupo, los que ya no están con nosotros. Hubo tantos talentos interesantes que pasaron por el salón. Me acuerdo de Gala y sus relatos románticos, Mara y sus historias escolares. Pero siempre pasa que tarde o temprano alguien falla y no puede escribir.

16:34

Este relato no va a ninguna parte. Todavía no tengo una página y se me acaba el tiempo. Capaz pueda llamar y avisar que tuve un accidente y no puedo ir. Me van a perdonar si es algo que escapa a mi control. ¡Tienen que entender que no es mi culpa! Hice todo lo que podía para llegar… ¡para cumplir con mi parte! Pero a quién engaño. Faltar sería peor que ir con las manos vacías. Todo el grupo pagaría el tributo si uno solo falla. Capaz tendría que escribir sobre esto, pero parte de las reglas es nunca mencionarlo.

16:37

Empiezo a revisar mis viejos cuentos. Tiene que haber alguno que no haya usado ya. En una época podía escribir sin parar, todos los días nuevas historias, nuevos mundos que se abrían a mis pies como puertas en un pasillo interminable. ¿Hay alguna regla que diga que no puedo reciclar una historia del pasado? ¿Se dará cuenta él o dirá algo al respecto?

16:44

Rebeca me acaba de llamar. Me preguntó si voy a ir hoy ¡Cómo no hacerlo! Le dije intentando que mi voz no se quiebre en mil pedazos. Me dijo que me esperan. Que no me retrase. Creo que se dio cuenta que no tengo nada. Que soy un recipiente vacío. El último en una larga cadena de producciones que se terminan. Hoy va a ser mi última sesión en la sociedad literaria. Ya no recuerdo hace cuantos años empezamos.

16:47

Quiero parar el reloj.

16:48

No sigas.

16:49

Por favor.

16:50

¡Pará!

16:51

Me tiro en el sofá de mi sala y sumerjo el rostro contra los almohadones satinados. Se siente muy suave. Me sumerjo en sedas y plumas. Muy profundo. Ya se terminó. Es imposible seguir. Quiero abrazar la oscuridad de la noche. Quiero oscuro abrazar a la noche. Quiero que la oscuridad me abrase.

16:59

Una fuerza que no siento como mía me arrastra fuera del refugio momentáneo del sueño y su dulce tacto. La voluntad del círculo de lectura me llama a asistir. Voy con las manos vacías. Ahora solo quedamos cinco. Uno por cada esquina del pentagrama y pronto serán solo cuatro. Espero que los demás logren llegar muy lejos, mucho más que yo, pero se que inevitablemente cada uno de ellos deberá enfrentar el momento en que sus mentes se agoten y caigan con nosotros en el olvido.

17:00

Ya es hora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s