Cuentos: 6 Microrrelatos

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Para variar un poco esta seguidilla de cuentos, voy a compartir en esta entrada de Nyarlotep.com una serie de microrrelatos que escribí hace varios años para un concurso organizado por una fanpage de Stephen King en Facebook.  Sin más preámbulos…

Claroscuro

El museo está casi vacío a esas horas. El sonido surge de pronto haciéndose eco en la gran estancia, lo sigo hasta una esquina oculta en las sombras. Es una niña acurrucada en la oscuridad. ¿Está llorando? Debe tener la edad que tendría mi hija si viviera. Necesito ayudarla, confortarla. Ella extiende sus brazos hacia mí. Antes de que me alcance noto el cuadro con la imagen faltante, luego… oscuridad.

Crack

La ruptura. El sonido del hueso al punto en que atraviesa la carne. La onomatopeya casi se dibuja sobre el cielo, haciéndose palabra entre una cacofonía de gritos acompasados.  El brazo gira en el aire una vez más liberando los músculos que se abren como una flor enrojecida. La gente se aleja del cuerpo. Nadie vio nada. Solo un cuerpo estallando bajo el brillante sol del mediodía.
Crack… Otra vez.

Hay que educar a los niños

Un tijeretazo de dolor en la muñeca. Juana frota la tensa piel con la mano contraria pero el dolor aumenta, una quemazón que se extiende al contacto subiendo por sus dedos como agujas enterrándose hasta el hueso. El dolor es intolerable, sólo superado por el recuerdo de los ojos muertos de la abuela abriéndose en el momento en que le arrancó la pulsera de oro de entre sus manos muertas.

Luz fría

Fue temprano en la madrugada, mientras volvía a la ciudad luego de pasar el fin de semana en la casa del lago. La confundí con el romper del alba, pero su luz era distinta, muy fría. Cuando pude verla bien, demasiado cerca, sentí sus rayos fríos quemando mi piel. Parecía surgir de todos lados… Ahora está dentro de mí, consumiéndome. Usándome para iluminar el mundo con su gélida luz.

No puedo dejar de escucharla

Fue un reto. Lo acepte. La responsabilidad es mía. La llaman “La canción del suicidio Húngaro”. Dicen que si la escuchas terminarás acabando con tu vida. La melodía se ha apoderado de mis pensamientos. La escucho rebotando una y otra vez dentro de mi cráneo, eclipsando cualquier otra cosa. Es un pensamiento vivo que retuerce mis ideas…  El tren se acerca, su traquetear suena tan familiar. Me llama…

El don celeste

Un día, al despertar, era celeste. No se sentía diferente a otros días, pero era celeste. La gente al pasar por la calle no lo notaba, pero era celeste. En la oficina todos lo trataron con normalidad. Pero él sabía, que era celeste. Cuando veía el cielo, éste le devolvía su imagen. Cuando observaba las aguas de Acapulco, allí estaba. Con el tiempo sus ojos se volvieron celestes, como los ojos de un conejo ahogado.

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