Cuento: Giros

Está en pie frente a la vidriera, hipnotizado. Se queda mirando el giro como en sueños las hilachas de color que dan vueltas y vueltas.
El poste gira con la luz secreta que esconde en su interior, iluminando la sonrisa desbordada de blanco con azules y rojos. Calesita, carrusel y giro al mundo. Vuelta tras vuelta deslumbra sus ojos rebosados de atención, mientras la saliva gotea por los labios hinchados.
Lanza una risita extraña. El barbero le dirige una mirada a través del cristal cubierto de tierra y de la suciedad de las calles. Le hace un gesto, invitándole a entrar mientras dirige un vistazo a la calle desierta. Solo le distrae un segundo antes de volver sus ojos al giro. Rebusca en los bolsillos amplios del overol, repletos de pequeños souvenirs, caramelos media hora, crayones, lápices de colores y algunas cosas herrumbrosas, tuercas y tornillos. Saca un pedazo de regaliz rojo y lo mastica con simpatía, sin borrar la sonrisa de su rostro, dejando que los hilos de caramelo ablandado y saliva desborden entre los dientes y le ensucien la remera amarilla.

El poste sigue girando:

primero azul (venas);

segundo rojo (sangre);

tercero blanco (vendas).

Abre la puerta y entra, sin apartar la vista del poste. Dentro del cuarto hay una pequeña mesa solitaria repleta de revistas, delante de unos banquitos verde opaco mal tapizados, llenos de cortes y desgarros. La luz es tenue.El barbero le dice que espere, y lea algo pero en la mesa solo hay fotos de personas desnudas posando, y esas cosas no le gustan; solo le interesan los hilos de color que dan vueltas, como el poste o los caramelos de regaliz.

El suelo blanco y negro parece un tablero de ajedrez, con la silla como una reina negra al otro lado. Está sucio de tierra como las ventanas, pero también de cabellos y manchas de algo que se parece al regaliz, aunque solo un poco.

El barbero le hace sentarse en la bonita silla reina, esta gira pero el barbero la detiene y le acerca una tijera deslumbrante que se agita en el aire como un par de alas blancas de mariposa. Se siente frío contra la piel, el barbero empieza a cortar

Venas, sangre, vendas

Una gotita roja mancha la remera amarilla, no es como regaliz, más oscura y espesa. Gira la cabeza y mira al barbero con una sonrisa enorme que desborda el rostro redondo de luna, deformando aún más sus ojos oblicuos.

El rostro del barbero pasa rápidamente de incredulidad, a sorpresa, a terrible culpa, a miedo, a dolor.

Sigue sonriendo, complacido, con sus dientes triangulares y afilados supurantes de rojo. Se despide con un beso baboso y sucio de caramelo, agarra la mano inerte del barbero, la sacude en un saludo y vuelve a sonreír complacido.

Sale. Afuera el poste sigue girando, pasa sus dedos regordetes por la superficie creando nuevas bandas de rojo y se va saltando calle a bajo, complacido.

Ahora en el bolsillo lleva también un par de tijeras manchadas y húmedas que comienzan a secarse en un color herrumbroso. 

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