Cuento: Liebre y tortuga

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Él, mirada triste. Pasos lentos, seguros, como la tortuga.
Ella, misteriosa mujercita. Corre todas las mañanas, llega tarde porque se queda dormida. Siempre llena de energía, como una liebre.
Sus caminos se cruzan y por unos segundos comparten sus nostalgias con un par de miradas y luego siguen su camino.
La tarde gris cubre los tejados sombríos…

“La liebre del cuento siempre pierde porque es una vaga, pero yo tuve tortugas toda mi vida y también liebres, y las liebres siempre ganan las carreras.”

…Ella busca un lugar para refugiarse de la lluvia que ya cae con gotas enormes, dejando sus huellas del tamaño de monedas, de esas de cinco pesos que salieron por un minuto en circulación.  Entra en un café y el desencuentro de la mañana se esfuma como el humo de una taza abandonada hace mucho tiempo. Él esta sentado, mirada baja, postura corva. Lee un libro de Kafka, aunque mas que leerlo lo devora pasando página tras página…

“Me gusta Kafka, aunque hace mucho que lo leí por última vez. Ahora que recuerdo nunca termine El Castillo. Me pregunto si habrá llegado. Es ese libro que nunca pase de la mitad.”

…Paga el café y se va bajo la lluvia, siempre con su porte de tortuga, ella le sigue ingenua y algo curiosa por ese libro y por un brillo que puede ver en los ojos oscuros de su dueño. Él se aleja por el caminito que bordea las vías del tren. La liebre le sigue, entre curiosa y nerviosa. Esta alterada, pero no sabe porque, ni entiende que la lleva a seguir a la tortuga por aquel camino de agua sucia y flores marchitas…

“Claro, porque quiere ganar la carrera, la vida siempre es una carrera aunque en el momento no lo reconozcas y las liebres del mundo están resentidas con las tortugas, no porque estas puedan ganar, sino por Esopo y sus fábulas”

…La tortuga usa un paraguas, pero ella ni siquiera se fija en el ala negra de cuervo que lo cubre. Él sigue su paseo, sin apartar los ojos del libro y el camino que ahora se parece más a los paisajes del sur, incluso cree ver una rosa mosqueta creciendo a un lado…

“No me lo digas, esta es otra de esas historias donde el tipo resulta ser un asesino lunático y cuando ella por fin lo alcanza ¡Pum! Cacerola de liebre. No me parece, esos cuentos ya están demasiado gastados.”

…Sus pasos los llevan hacia el puerto. Parte de la liebre quiere volver, pero también continuar, llegar hasta el final. Al frente la tortuga descansa con los ojos vacíos, fijos en el horizonte gris. Está junto a la barandilla y debajo el mar, profundo, oscuro como el ala de cuervo que cubre a la tortuga.
La liebre se acerca, sin llamar su atención. Con suavidad se apoya contra él y usando todo su peso empuja.
La tortuga cae, fin del cuento.

“Eso les enseñara malditas tortugas a violar las leyes naturales y ganarnos la carrera”

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