Cuento: Altruismo

¿Cuánto tiempo?

Entiendo. Entonces esperaré. No hay problema, gracias de todos modos. El silencio de la habitación es en cierta forma reconfortante, un poco de paz lejos de los gritos de afuera. Pero dentro siempre llevaré conmigo esos gritos. Es algo ineludible. Se lo que me espera, lo supe desde antes de que todo sucediera, pero estoy dispuesta a pagar el precio que sea necesario. Los pude salvar, y eso es lo único importante. Sus rostros están fijos en mi mente, todo mi amor es por ellos, toda mi vida solo he existido por ellos ¿Cómo no salvarles? ¿Cómo puede alguien dejar a su propia progenie sufrir semejante destino? Una madre me entendería, las madres… las madres somos…

¿Cómo dice?

No, no me interesa ningún calmante. Estoy perfectamente bien, gracias. Disculpe usted, ¿podría dejarnos solas por favor? Esta persona me entiende porque es una madre, puedo ver ese brillo en sus ojos, su comprensión…

¿Me estaba diciendo?

Aja, si, no hay problema. Déjeme recordar.

Si claro, la primera señal provino del teléfono. Porque es de allí de donde viene ¿sabe? Del exterior. Las llamadas. No entiendo en que estaba pensando en ese momento, debió de ser su influencia manifestándose sobre mí. El caso es que deje a Lucas contestar….

Si, Lucas es el mayor; ocho años en julio pasado.

Bueno, Lucas contestó mientras yo lavaba los platos y fue entonces cuando oí la voz por primera vez. Una advertencia, eso fue. Venía desde el drenaje, cubierta por el eco del agua en su vertiente, era tenue y lejana, pero también entendible. Era la voz de mi madre.

Si, mi madre…

Claro que sé que mi madre está muerta ¿Cree que soy alguna clase de lunática? Lleva muerta más de veinte años, pero aun así pude reconocer su voz. Era débil, como le decía, y repetía una y otra vez la misma frase:

“Mira su rostro, mira como cambia”

Una y otra vez…

No sabía a qué se refería la voz, pero sonaba desesperada, mi madre tratando de decirme algo que no podía comprender. Habré estado cinco minutos máximo, mirando el agujero del drenaje y como la espuma y agua sucia de los platos se iba perdiendo a través de ese ojo negro sin brillo, como los ojos de los muertos me imagino. Esos cinco minutos duraron una eternidad. Ya se que es una frase hecha, pero así fue. Entonces escuche la risa de Lucas y me arrancó de ese ojo, porque en verdad sentía que me estaba tragando o algo así. Me doy vuelta para mirarle y él esta de espaldas, con el teléfono pegado hablando entre carcajadas. Un amiguito, pensé, o un compañerito de la escuela, o uno de sus tíos que le cuenta un chiste o algo gracioso. En eso se vuelve y me mira con esos ojos verdes hermosos que saco de la familia de mi marido, cuanto amo esos ojos. Se lo veía feliz, vivo, pero entonces me sonríe, y me doy cuenta de lo que mi madre intentaba advertirme.

Era un agujero. Como el ojo del drenaje…

No, nada de eso. Si quiere conocer la historia escuche por favor, luego pregunte lo que quiera, no me importa.

Como le decía, fue esa visión la que me llevó a entender el mensaje. Algo estaba cambiando a mis hijos, pervirtiéndolos.Y ese vacío se hacia mayor cada día. Lo veía en sus gestos. En sus besos sentía un toque repulsivo, como si tuvieran babosas en lugar de labios. El primero fue Lucas, pero Juan y Mateo le siguieron rápido. Comenzaron a imitar a su hermano y entonces la voz volvió, y me hablaba mas a menudo. Desde el fregadero de la cocina, del baño, de la bañadera. Siempre desde los pozos o lugares profundos y oscuros, porque mi madre está muerta y esa es la única forma en que podía hablarme…

¿Mi marido? No, él no podía hacer nada, pobre. ¿Cómo decirle lo que estaba pasando? Temprano en nuestro matrimonio decidimos que él seria el proveedor, y yo me encargaría de la casa y de criar a los niños ¿Qué clase de madre sería si no me encargaba de asegurar su salvación? ¿Cómo me juzgaría Dios?

Por eso fue que cerré todo vínculo con el exterior, del mundo provino el mal, la infección que amenazaba con mermar la inocencia y humildad de mis tesoros. Y con cada día los veía pervertirse más y más. Comenzaron a pelear entre ellos, a codiciar sus pertenencias. ¡A Mentir!

Finalmente fue la voz de mi madre quien dijo la verdad, la única verdad. Para salvar a mis hijos debía devolverlos al seno de Dios antes de que la perversión se completara y sus almas se perdieran. Incluso lo comente con el pastor de nuestra iglesia, y el estuvo de acuerdo conmigo…

Si, así fue.

Los niños que mueren inocentes, me dijo, van directo al seno de nuestro señor, salvos. Bueno, no quiero entrar en detalles, eso sería morboso. La condena humana no me importa, tengo toda la eternidad para preocuparme, y aunque se que me espera el castigo divino por haber afrentado contra las leyes del Todopoderoso, eso no es importante si mis hijos pueden vivir en salvación eterna junto a Cristo.

Bueno, creo que eso es todo, usted conocerá el resto. El guardia ya viene con mi medicina. No me gusta tomarla porque me deja tonta pero no hay otro remedio. Espero que mi historia no le deprima y encuentre en ella la palabra de nuestro señor.

Por nada. Disculpe ¿Cómo dijo era su nombre?

Que casualidad, ese era el nombre de mi madre. Adiós y no deje que el guardia azote la puerta en su rostro, últimamente es muy descortés con mis invitados.

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